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» Alvago »»» 2017, año de cambios

31 de diciembre de 2017 5mentarios :(

Voy a escribir “poco” (comillas comillas) porque estoy bastante incómodo. Y eso es porque me estoy rompiendo la columna y los codos. Y eso es porque tengo el teclado arriba de la cama y yo también estoy acostado en la misma cama. Y eso es porque no tengo muebles, así que instalé la computadora así nomás. Y eso es porque estoy recién mudado al barrio de Caballito, ahora de forma definitiva. Y eso es porque tuve un gran año de profundos cambios en mi vida. Por eso titulé a este segundo y último post del año con la misma frase que vengo repitiendo desde enero: “2017, año de cambios”.

A fines del año pasado comencé a tirar basura y hacer arreglos en la casa en la que viví desde chiquito, para dejársela al dueño como nueva, e irme de Lanús. Así es como, a mediados de marzo, hice un paso fugaz de 15 días por la casa de mis viejos en Lanús, después de 3 décadas de vivir en el mismo lugar. Luego de eso, pasé 4 meses en Caballito cuidándole el departamento, la gata y las plantas a una amiga que había viajado a Europa, seguido de 5 meses en otro departamento en Barracas al que sabía que iba a ir a parar de forma temporaria. Pero ahora sí, termina diciembre y me mudé, ya de manera definitiva, a la otra punta de Caballito, justo en el límite con Villa Crespo, justo en el límite con Villa General Mitre y justo en el límite con Paternal. Me encanta la vista que hay desde acá arriba, como se puede apreciar en la foto (con arbolito armado), y espero no arrepentirme de decir esto pero me gusta mucho en general la zona, el barrio, y la gente que hay por acá. Y sí… quien se mudó alguna vez sabe todo lo que te cambia una mudanza, así que cuatro en un año, se ha convertido en una locura total.

En esos primeros 15 días, sufrí la muerte de Barrett, mi perro, que ya no podía más con su vida. Cuidé, como decía antes, a Retuña, después de mucho tiempo de no convivir con gatos ni gatas (no chiste fácil, por favor). Y, además, dejé de vivir con Lola y Ringo, mis dos perros a los que, si bien sé que están súper bien cuidados por mi familia (mejor de los que los cuidaba yo), la verdad que los extraño muchísimo. Así que, sí, más cambios.

Este año empecé a dar clases en otras dos universidades más, además de la FADU/UBA. Porque a partir del reemplazo que hice el año pasado, ahora quedé de manera definitiva en otra universidad, como docente titular en una materia en el primer cuatrimestre y en otra distinta en el segundo, ciclo que parece que se va a seguir repitiendo de la misma manera de acá a los próximos años. Pero, además, en el segundo cuatrimestre me llamaron de otra universidad más, en la que ingresé como JTP, auxiliar de una profesora, donde sé que voy a seguir al menos un cuatrimestre más y donde espero poder continuar. Fueron tres materias que me gustaron mucho y que me hicieron aprender mucho, conocer mucho, ver cosas nuevas.

Este fue un año en el que pude saber cuánto resisto, ya que, por primera vez después de bastante tiempo, no me fui a ningún lado de vacaciones. De hecho, el período que no fui a trabajar en el verano, lo usé para trabajar mucho más, arreglando la casa. Se siente mucho el peso de dos años encima sin ningún respiro de varios días seguidos… especialmente el último año, que fue súper intenso para mí.

Pero en realidad sí logré tener un respiro: un nuevo pequeño descanso semanal, los martes a la noche. Porque muy tímidamente decidí empezar el 3 de enero un taller de improvisación teatral de un mes, que luego se extendió a otro mes más, y que se terminó extendiendo a todo el año completo. Si bien no pienso dedicarme a la actuación, estoy muy agradecido no solamente porque teatro me dio nuevas herramientas para mi trabajo y para mi vida sino también porque el haber ido a las clases y luego a cenar con mis compañeros, sin haber faltado ni un solo martes durante todo el año, me regaló un par de nuevos amigos, mucha gente linda con quienes nos seguimos juntando, y muchísimos conocidos que me dieron muchas cosas nuevas para aprender. Si bien en enero no apostaba ni 2 pesos por esto, este cambio también me sirvió muchísimo.

2017 fue además un año de pequeños cambios, tal vez menores, pero cambios al fin. Como por ejemplo que desde el mes de marzo soy italiano, porque logré terminar el trámite de la ciudadanía así que ya me siento un poquito más cerca de mis abuelos, que eran de allá. O, por ejemplo, que ¡empecé a usar los mensajes de voz de WhatsApp!, cosa que tanto odié desde el momento en el que los inventaron y que ahora uso a diario. O, por ejemplo, algo tan groso como la vuelta de Árbol, mi banda favorita que tantas alegrías me dio durante tantos años hasta que, de a poquito y sin decir nada, se fueron apagando hasta llegar a estar cerca de 7 años sin tocar. Volver a verlos en el escenario de Ciudad Emergente fue algo increíble, y ojalá que esto pueda seguir así por mucho tiempo más.

Este año también llegué a dejar de juntarme o hablar con algunas personas, como así también retomar el contacto con otras. Nadie reemplaza a nadie, pero en algunos casos me sentía bastante desaparecido, me sentía en falta, y es algo de lo que no quería arrepentirme, como ya me pasó alguna vez. Como dije en el post anterior y también en uno de 2015, hay que aprovechar todo lo que uno puede con la gente que quiere, y no quedarse con nada para uno mismo ni dejarlo para “algún día”. Porque la vida se te pasa y la gente se va, en algunos casos para siempre, como el kiosquero de la vuelta de mi antigua casa o como una compañera de la facultad, quienes en estos 2 últimos meses fallecieron repentinamente y uno se queda con la boca abierta de la horrible noticia de la que se enteró.

Seguro me estoy olvidando de algunas cosas, más allá de que hay otras que prefiero no mencionar, como gente que vive intentando hacerte la vida imposible, pero si sos fuerte, no puede. Lo importante es que hoy, 31 de diciembre, cierro un año de grandes cambios que repercuten en mi vida a futuro y que seguramente me empujarán a que haga varios cambios más, así que desde este humilde blog en el que ya casi no escribo y al que ya casi nadie entra, si estás leyendo esto te recomiendo que te animes a más, que te propongas nuevos desafíos y que día a día, minuto a minuto, estés bien concentrado y enfocado en que se cumplan. Porque creeme que se puede.

¡Feliz 2018 para todos!

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» Alvago »»» “Consumir preferentemente antes de” cuando se me cante

1 de julio de 2015 1 comentario

A primera impresión parece que soy el más rata del universo… y en parte lo soy. Pero, por otro lado, la realidad es que siempre me dio lástima tirar comida (o relacionados) y es por eso que más de una vez prefiero comer algo vencido, antes que tirarlo.

No quiero comer asado frío, no me gustan las pastas recalentadas, no me cabe para nada la ensalada de frutas que está guardada desde el día anterior y me re calienta que en un restaurant te sirvan la guarnición asquerosamente mezclada con el plato principal, pero, últimamente…

Café 1 año y medio vencido

Hay que saber que el café molido de Café Martínez que viene en paquete, al menos el de packaging naranja (intenso), aguanta en la heladera al menos 1 año y medio. Si lo dejé de tomar después de tanto tiempo es porque ya no daba para más lo tan “pasta negra” que terminó quedando, pero el gusto no había cambiado.

Pochoclos con maíz, azúcar y aceite vencidos

Tirarme a mirar una película comiendo pochoclos es algo que no hacía demasiado seguido hasta hace unos años. Entonces, las primeras veces, hasta que no se acabó, no se me había dado por ir al almacén a comprar un paquete de maíz pisingallo… usando así uno vencido hacía más de 1 año. Por su parte, la primera vez, el azúcar no sé si estaba vencida, pero tenía como 1 año fuera del paquete, en la azucarera, abierta al público día y noche por delante y por detrás (?). Ni hablar del aceite, que como no lo uso casi nunca, lo repongo una vez cada muerte de obispo.
Inexplicable el olor a rancio que finalmente tenían esos pochoclos… ¡pero qué ricos que estaban!

Fideos de sopa

Cuando todavía vivía con mi familia, mi vieja tenía un tarro de vidrio translúcido azul con algunos fideos para sopa. Ella los reponía seguido porque comíamos bastante seguido, y si bien se los podría haber llevado, como no quedaban demasiaaados, me los dejó para que los termine yo y luego le devolviera el tarro.
Hace ya 3 años que no vivo con ellos, y ahí está el tarro azul, con los fideos adentro. Muuuuuuy cada tanto me hago un poco de sopa, ¡y los fideos lucen y saben igual que el primer día!

Ketchup, salsa golf, mayonesa, barbacoa

Desde el momento en el que entendí que no podía tener en la heladera abiertos todos los envases de aderezos habidos y por haber porque como no los uso demasiado se me empezaban a vencer antes de que pudiera utilizar un 5% de su contenido, me di cuenta de que podía robarle un poquito a McDonald’s y Burger King, intentando equiparar todo lo que ellos me roban a mí cuando consumo sus productos.
Cada vez que compro algo pido un par de sobrecitos, y ahí van a parar, a la alacena de mi casa, para usar cuando… ¡cuando ya están vencidos! Resulta que tampoco llego a utilizarlos todos, y se me termina vencido eso también. Igual no pasa nada, ya aprendí a regular un poco eso y no pedir tanto… o empezar a comer más.

Leche abierta hace casi 2 semanas

El sachet, la cajita y la botella de leche dicen “Una vez abierto, conservar en refrigerador y consumir dentro de los próximos 3 días” o algo por el estilo. Bueno, me parece que se les olvidó multiplicarlo por 4. Como no entiendo el olor de la leche (no distingo la buena de la vieja) ni pienso ponerme a hervirla para darme cuenta de cómo está (¡y encima después tener que tomarme otra vez el trabajo y el tiempo de enfriarla si la quiero fría!)… la tomo igual y fue. Eso sí, al menos la guardo en la heladera.

Té y mate cocido, 5 años vencidos

En la cocina del laburo hay varios sobrecitos de té y de mate cocido de distintas marcas extrañas que trajeron de regalo de no sé dónde, hace —voy a adivinar— al menos 6 años, cuando yo ni siquiera estaba trabajando acá. Los últimos nadie los tomaba, por ende iban quedando por ahí y acumulando mugre y espacio, especialmente desde que se vencieron. ¿Cuándo?: en mayo de 2013, diciembre de 2011 y junio de 2010.
¿Algún problema en tomar té y mate cocido vencidos hace 5 años? Para mí, ninguno.

Y a la hora del resfrío…

Con los remedios no se jode.
¡¡Minga!! Está confirmado, o mejor dicho, yo te confirmo, que los tecitos Vick los podés tomar hasta 7 meses después de vencidos y no te va a pasar absolutamente nada. No sé si te vas a curar del resfrío, pero morir, no te vas a morir.

Y bueno.

No sé hasta cuándo seguiré haciendo esto, pero ya me va a agarrar una úlcera, una intoxicación o algo por el estilo y ya aprenderé. Mientras tanto, ¡“consumir preferentemente antes de” cuando se me cante!

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» Alvago »»» Aprovechemos cada segundo con todos nuestros seres queridos

22 de junio de 2015 5mentarios :(

A medida que nos vamos poniendo grandes, todos suponemos que nuestros parientes mayores (empezando por nuestros abuelos, continuando por nuestros padres) van a ir desapareciendo físicamente de nuestras vidas. Es algo que tenemos que saber que corresponde a la ley de la vida y que nunca se va a poder modificar. Cuando somos todavía más viejos, probablemente tengamos que sufrir la desaparición de algún amigo o compañero muy cercano, de nuestra misma edad, tan viejo como nosotros. Y eso también es algo completamente normal y que hay que aceptar. Hasta que, claro está, un día nos va a tocar a nosotros mismos.

Sin embargo, hay una cosa que nunca voy a poder masticar: las muertes que llegan de un momento a otro, sin darnos tiempo de despedirnos, sin brindarnos un período en el que podamos procesarlo, sin que podamos entender por qué, cómo, y a veces ni siquiera cuándo pasó.

Si bien mi tía falleció cuando yo tenía tan sólo 2 años, tengo un vago recuerdo de ella. Sin embargo, una de las primeras situaciones horribles que recuerdo con mucha más lucidez es la del hermano de una compañera de la escuela primaria, cuando yo tenía cerca de 8 o 9 años. No voy a dar nombres en este post, pero sí, lo recuerdo muy bien. Él tenía cáncer y si mal no recuerdo falleció a los 16 años. En esa época, para mí, él era un hombre. Ahora, sé que era un pibe y que tenía toda una vida por delante.

Después de esa, durante muchos años sólo recuerdo alguna que otra situación relevante, pero finalmente, en los últimos pocos años, llegaron muchas juntas: la de mi bisabuela, la de la prima de mi papá, y la de mis 4 abuelos, entre otras. Toda gente muy querida, un final peor que otro. Un horror.

Fuera de esto, hubo otras circunstancias fatales que, como decía antes, me marcaron mucho.

  • Una, tan fugaz como inexplicable, fue la de una de las ponencias que me regaló Twitter, que apareció en mi vida tan rápido como luego se fue la suya, hace poco más de 2 años. Una gran e inolvidable persona, a quien por falta de tiempo quedé debiéndole las respuestas a un par de mails, cosa que ya nunca sucederá y de lo cual estoy totalmente arrepentido.
  • Al poco tiempo, el año pasado, le tocó a una persona que conocí en la FADU. No era una gran amiga, ni siquiera era mi amiga, sino una ex alumna casualmente de las dos cátedras en las que doy clases. El formar a alguien en algo que uno ama es querer ver a ese alguien triunfar en eso mismo. Y eso ya no va a poder ser.
  • Hoy, me entero de la tristísima noticia de que eso tan feo le pasó a una ex compañera mía, docente súper joven. Si bien hace años que compartimos la cátedra, no la conocía demasiado, pero puedo decir que el sólo hecho de saludarla y cruzar tres palabras con ella, te brindaba paz. La vida se le fue de un momento hacia otro, sin que ella siquiera se dé cuenta, y con ello, se inmovilizó el recuerdo suyo en todos los que quedamos.

Todo se te puede ir en un segundo, y vos no vas a sufrir. Pero sí van a sufrir todos tus seres queridos, y mucho.

Sí, este es de los típicos posts o mensajes que a veces uno evita leer. Pero cuando estás en uno de esos momentos, necesitás decirlo.

Aprovechá cada segundo con cada una de las personas que te rodean y te quieren. Sea tu mejor amigo, tu novio, tu hermano, tu hijo, o bien el empleado del kiosco que inauguró antes de ayer, alguien que conocés sólo de un par de “hola y chau”. Siempre podés aprender mucho de cualquiera, y siempre tenés algo que enseñar. Hacelo, y hacelo ahora. Con muy poco, tan poco como una sonrisa o con sólo decir “que tengas un buen día”, podés hacer sentir muy bien a esa persona, y encima, eso te va a hacer sentir bien a vos.

Hacelo, y no te quedes con las ganas de nada.
La vida de cualquiera de los que querés, puede desaparecer antes de lo que vos creés, y vivir con la angustia de no haberle dicho algo que ya no podés decirle más, es una de las peores cosas que podés sentir.

Aprovechemos todas nuestras oportunidades.

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