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El blog de Alvaro G. Ghisolfo

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» Alvago »»» Para corregir un error, lo mejor es afeitarlo

23 de febrero de 2011 7 comentarios

Desde chico me fui dando cuenta de que con una hoja metálica filosa podía solucionar varios problemas de mi vida. No, no fui emo. Simplemente utilicé hojitas de afeitar, cutters, cuchillos, tijeras o maquinitas tipo Prestobarba para corregir algunos errores que, sin esos elementos, sería más difícil arreglar.

He aquí una lista de las cinco cagadas más comunes que podemos solucionar de esta forma. Seguramente tengo más en mi haber, pero ahora no me las acuerdo. Si se te ocurre alguna, podés proponerla y la probamos.

Salvo la cuarta (lo cual podés hacerlo escuchando algún tema de Metallica a todo volumen), para el resto de las soluciones planteadas en este post lo que sí vas a necesitar es algo súper importante: mucha paciencia. Vamos…


Cómo despegar la cinta scotch vieja

Uno puede fácilmente agarrar un mueble o un vidrio y limpiarlo, desinfectarlo, pasarle Blem, lustrarlo, adornarlo… pero sin duda, la tarea más odiada siempre fue sacarle los pedazos de cinta scotch que tiene pegados (o más bien su adhesivo). Ok, no más sufrimientos.

Con la ayuda de un chorrito de alcohol, podemos dejar que el pegamento se vaya aflojando, y unos minutos después una hojita de afeitar (o en su defecto, una hoja de cutter) hará todo el “trabajo sucio”. No importa si es cinta scotch común, mágica, de papel, bifaz o trifaz (?) y no importa si es de ayer o si hace 20 años que está ahí pegada. Va a salir igual.

Una vez que el pegamento salió de su lugar original y quedó pegado en la hojita metálica, sólo queda pasarle un papel absorbente con más alcohol a la mesa y a la hojita, y a otra cosa mariposa.

Nota: si en vez de alcohol usamos nafta, el pegamento sale mucho más fácil. Pero el olor no.


Cómo sacar la pelusa de la ropa

¿Nunca te topaste con una remera, un buzo, un pantalón, una campera o un suéter lleno de bolitas de tela, más conocidas popularmente bajo el nombre de “pelusa”? La misma se produce por el roce entre la propia ropa, tanto al usarla como al lavarla, y parece que tras su aparición hace inservibles a las prendas.

Para esto sólo hace falta una maquinita de afeitar que ya no usemos. Sólo habrá que pasarla varias veces y en varias direcciones por la zona que tiene pelusa, de modo de afeitar la ropa (literalmente), e ir juntando en un “rincón” una “montaña” de pelusa que luego podremos sacar fácilmente con los dedos.

Esto funciona para varios tipos de tela, pero hay que tener cuidado con los estampados.


Cómo borrar lo escrito con tinta china

Este punto es el que más “flaquea” de todo el post, no sólo porque su aplicación depende del tipo de material en el que se haya escrito, sino porque tampoco se puede corregir en un 100%. Lo aprendí en la escuela técnica, tras haber tenido que rehacer unos cuantos planos con tinta Rotring sobre papel vegetal, por un pequeño error o alguna que otra manchita.

El “truquito” es aplicable para la tinta china o similares (por ejemplo la Rotring, o bien témpera, acrílico, etc.) pero el tema está en que no sirve para papeles porosos, como las hojas comunes para impresora (papel obra), hojas de carpeta, papel madera, cartones texturados, etc. Sí se puede utilizar en papel vegetal (llamado también papel de calcar o papel manteca), algunos papeles autoadhesivos, papeles ilustración, o algunos cartones brillantes, “suaves” al tacto.

Sin volvernos locos cuando la tinta aún está fresca, lo único que tenemos que hacer es relajarnos y esperar a que el error se seque y parezca impregnado para siempre. Recién ahí con una hojita de afeitar tipo Gilette (o si no tenemos, con una hojita de cutter) tenemos que raspar suavemente la tinta que queremos borrar, controlando sensiblemente la presión que hacemos con el dedo al raspar, de modo de poder arrancar completamente la tinta pero sin pasarnos y terminar arrancando una pequeña capa de papel.

En algunos soportes con esto solo alcanza para corregir el error, mientras que en otros un poco más porosos quizás convenga pasar después una goma de borrar y posteriormente algún elemento algo graso, como por ejemplo (aguanten sus risas porque va en serio) un poco de miga de pan.


Cómo refilar el plástico para evitar lastimaduras

Sí, el título es medio ambiguo y quizás algo exagerado. Pero no me vas a decir que nunca tuviste que cortar algún plástico con tijera o cutter (acrílico, alto impacto o algo similar) y el borde no te quedó tan filoso al punto de cortarte…

Bien, este sobrante de los costados, llamado “rebaba”, se puede quitar con lo mismo con lo que cortamos el material: una tijera o un cutter. Sólo que esta vez no lo vamos a utilizar para cortar sino para raspar, pasando la herramienta cortante a 90º varias veces por el material que sobra. Es importante hacerlo suave y varias veces, y no de una sola vez con mucha fuerza, para no deformarlo sino sólo sacar lo que sobra.

Esta vez sin poner heavy metal al mango como sugería al principio del post, la misma técnica puede utilizarse con algo de tranquilidad para arreglar bordes que no quedaron tan perfectos como uno esperaba, en esos mismos materiales o incluso en algunos más blandos, como ser polifán, foamboard o hasta quizás telgopor.


Cómo corregir los estampados planchados por encima

Esto fue lo último que descubrí, y fue lo que me llevó a escribir este post. Tal vez te preguntes “mi mamá me planchó mal una remera y me hizo mierda el estampado” y no encuentres ni siquiera una solución pedorra de las que pueden llegar a dar en Yahoo! Respuestas, como me pasó a mí con una musculosa que me estrené el mes pasado en Mar del Plata y que nunca más volví a usar.

Conociendo la solución para “afeitar” la pelusa de la ropa, creo que no hay mucho más para decir. Si la estampa tenía varios colores y éstos se mezclaron, simplemente cagaste y lo único que puede llegar a reconfortarte es darle un planchazo en la cabeza a tu madre. Sin embargo, si el problema no fue taaan grave, la solución seguramente será del 100% y se trata de pasarle varias veces una maquinita de afeitar a la parte de la tela que no debía tener estampado y que el mismo se corrió, en varias direcciones, poniendo el dedo o algún otro material blando justo por debajo de la tela, para poder “apuntar” bien el filo y decidir qué parte se debe arrancar y qué parte no.

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» Alvago »»» Limpiando el piso con limón

8 de diciembre de 2010 1 comentario

De los creadores de “Fórmula para preparar tu propio tecito Vick casero”, “Cajita de diskettes Dysan como dispenser de jugo Clight” y “El eterno Glade Glass Scents”, llega a Utilísima Go! (?) una nueva idea para la casa: “Limpiando el piso con limón”.

Lo primero que tengo que comentar es que anoche bajé al piso las bolsas llenas de cosas para el arbolito de navidad, para que hoy estén listas temprano para que madre las arme. Fue un grave error, porque me había olvidado que mi gata es especialista en cagar todos los planes… ¡cagarlos literalmente!, o mearlos, o vomitarlos, o llenarlos de pelos, o algo.

Esta vez se le ocurrió mear arriba de las bolsas, con lo cual esta mañana tuve que limpiarlas, llevarlas afuera, y limpiar el piso. Pero acá viene la travesía, porque además de la introducción anterior, es necesario comentar que en estos últimos días los tiempos de la familia no fueron los normales y, por ende, no hubo tiempo de comprar las cosas que había que comprar, entre ellas, artículos de limpieza.

La pregunta era entonces con qué iba a limpiar el piso. Trapo de piso tenía, y agua tenía, pero no desodorante, y no iba a hacer la asquerosidad de desparramar el juguito amarillo por todo el piso sólo con agua.
Pensé inmediatamente en una opción B, Lysoform líquido, pero tampoco había.
Decidí volver a la antigüedad en la que aún no se había inventado el perfume (?) y disponerme a limpiar con lavandina, pero cuando fui a buscar, tampoco había.
Por un momento pensé en lavar con detergente, que había muy poco, pero iba a ser imposible limpiar semejante enchastre.
Así que opté por ir a buscar alcohol como para, al menos, desinfectar un poco y dejar olor a limpio… pero no había.

Finalmente, casi decidido a moverme hasta la casa de artículos de limpieza y rogar que un feriado como hoy esté abierta, abrí la heladera y agarré un limón. Lo exprimí en el balde con agua, y terminé limpiando el piso con limonada. Les aseguro que queda y huele muy bien.

Nota: Para fomentar un poquito mi mal humor de la mañana, termino de limpiar el piso de mi pieza y escucho que los perros empiezan a ladrar. Era mi vieja, que venía de la perfumería.

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» Alvago »»» Los mejores nombres, según sus diminutivos

5 de octubre de 2010 19 comentarios

Antes que nada: si bien el título es bastante comprador, esto va a ser otro fucking post personal. Están advertidos.

Bien, si quedó alguien en este blog después de leer el párrafo anterior, el tema es así… Hace unas semanas surgió una charla con @adario7 sobre los nombres de las personas, en la que yo le tiraba algunos nombres que desde chiquito siempre me gustaron. Algunos de esos nombres: Matías, Nicolás, Facundo, Vanina, Natalia, Valeria… y puedo nombrar más, pero ahora no se me ocurren.

Si digo que puedo nombrar más y no se me ocurren, es porque no me los estoy acordando de memoria, sino porque algo me los hace recordar. Ese algo es una gran regla que con los años me di cuenta que se aplica a los nombres que más me gustan, y esa regla tiene que ver con sus diminutivos. Y sí, podemos concluir en que tengo un terrible TOC que llega hasta ese punto.

Bien, la gran regla se subdivide en varios puntos, a saber…

  1. El nombre me gusta según su diminutivo
    De más está decir que cuando uno aprecia o quiere a una persona o animal, lo termina llamando por su diminutivo. Será por eso que me interesa más la versión mini, que el nombre completo.
  2. Ese diminutivo tiene que tener dos sílabas
    Claro, diminutivos de una sílaba como “Lu”, “Fer” o “Mar” no se entienden bien al pronunciarlos. De hecho nombres como “Luis” o “Sol” muchas veces se terminan estirando a “Lucho” o “Soli”. Ni hablar de los nombres que se estiran a más de tres sílabas: “Pablito”, “Laurita”, etc.
  3. Además, el diminutivo tiene que ser cuatro letras
    No es la única regla que tenga dos sílabas, sino que además tenga cuatro letras. Así, diminutivos que igualmente tienen 2 sílabas pero llevan más de 4 letras (como “Lucho”, “Marce”, “Sabri”) o que también tienen 2 sílabas pero sólo 3 letras (“Ani”, “Ale”, “Ema”, etc.) quedan totalmente fuera de juego.
  4. De las cuatro letras, tiene que haber dos en cada sílaba
    Hay diminutivos de 2 sílabas y de 4 letras, pero que no están distribuídas de forma pareja: dos y dos. No se me ocurren muchos ejemplos que no cumplan con esta regla, pero algunos de ellos podrían ser “Adri”, “Abri” o “Agus”. Nombro también a “Alan” y a “Eric”, que por más que no sean diminutivos, sirven como ejemplo.
  5. Pero cada sílaba tiene que tener una consonante y luego una vocal
    Acá nombro dos reglas en una: que cada sílaba tenga una consonante y una vocal, y que encima estén en ese orden. De esta forma quedan descartados mi propio diminutivo “Alvi”, u otros como “Andi” o “Anto”, porque en ambos casos la primera sílaba se conforma de una vocal y una consonante pero en ese mismo orden.
  6. Tiene que ser una palabra grave
    A esta altura, con todos los que venimos descartando, ya me quedé sin ejemplos de diminutivos que no funcionarían. Pero si alguien encuentra uno que cumpla todas las reglas anteriores pero que es una palabra aguda (acentuada en la última sílaba) en vez de grave (acentuada en la penúltima, o sea, la primera)… ese nombre no me va a gustar.
  7. Termina en “a”, “e”, “i”, o de última, “y”
    A partir de acá ya no podemos decir que un nombre no me va a gustar, pero sí que alguno me gusta más que otro. Si un diminutivo termina con “o” (ejemplo: “Caro” de Carolina, o “Pato” de Patricia o Patricio) o con “u” (ejemplo: “Belu” de Belén, o “Manu” de Manuel o Manuela) no me va a gustar tanto como uno que termina con el resto de las vocales. Hay algunas excepciones para las cuales no puedo encontrar alguna regla que las defina (un ejemplo es “Facu”, de Facundo, que es un nombre que sí me gusta).
  8. No contiene letras “extravagantes”
    Además, si el nombre tiene letras raras, no me va a gustar tanto como los más simples. Así, diminutivos como “Juli” (de Julieta), “Maxi” (de Maximiliano) y “Romi” (de Romina o de Román), si bien me gustan, no me gustan tanto como los que no cumplen con este obstáculo de las letras.
  9. Las dos sílabas tienen diferentes vocales
    A esta altura de más está decir que ya todos los nombres que quedan me van a encantar. Sin embargo algunos diminutivos como “Cata” (de Catalina) o “Fede” (de Federico) están un pasito más abajo en mi ranking, porque las dos sílabas tienen la misma vocal.
  10. Para el mismo diminutivo, el nombre más común
    De los pocos nombres que quedan, puedo concluir en que me gustan mucho más los nombres comunes que los que son raros o quieren pecar de originales. Esto lo noto especialmente en los nombres que comparten su diminutivo: por ejemplo, para “Vale”, me gusta mucho más Valeria que Valentín o Valentina, o para “Fabi” me gusta muchísimo más Fabián y Fabiana, que Fabio y Fabiola.

Podría crear una regla número 11, pero no lo voy a hacer porque no me queda “parejito” (?) y más que nada porque es algo aún más personal que lo anterior: una vez que filtramos todos los nombres que no me gustan, puedo establecer prioridades para los que quedan, o bien hasta hacer algunas excepciones a esas reglas. Esto probablemente se deba a las personas que conocí con cierto nombre a lo largo de toda mi vida, y supongo que a todos les pasa: si tienen un par de amigos o familiares que quieren muchísimo o personas que les gustan con cierto nombre, ese nombre sube en el ranking, mientras que por el contrario, si una persona no les gusta o su personalidad no les cabe en lo más mínimo, ese nombre va a quedar en la mente de uno con un “gustito amargo” hasta que venga otra totalmente distinta con el mismo nombre a reemplazarla…

Para terminar el post (que a esta altura podríamos cambiarle el nombre por “mi conchudismo con los nombres”), y para que vean que no son sólo 2 nombres locos en español los que quedan en la lista: acá van algunos (sólo algunos) de los nombres que más me gustan y muy probablemente en este orden (intercalo los de varón y los de mujer, porque los considero sólo por su diminutivo):

  • Mati: Matías
  • Nico: Nicolás
  • Nati: Natalia
  • Dani: Daniela o Daniel
  • Vale: Valeria
  • Facu: Facundo
  • Vani: Vanina
  • Gabi: Gabriela o Gabriel
  • Sofi: Sofía
  • Cami: Camila
  • Javi: Javier
  • Seba: Sebastián
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