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El blog de Alvaro G. Ghisolfo

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31 de agosto de 2011 4 comentarios

Anoche, minutos antes de dormirme, entre muchas otras cosas pensaba: “Mañana, 31, debería actualizar el blog, sino no va a haber ningún post en el mes de agosto”. Dato muy al pedo, que no tiene mucho sentido, pero que a mí, igual que otras mil boludeces, me importan.

Hoy, cuando me dispongo a escribir algún post, vaya uno todavía a saber de qué cosa, debido a las pocas ganas que tengo de escribir acá, entro a mi blog para chequear que realmente no haya posteado nada en el mes de agosto, estando completamente seguro de que en julio sí había escrito algo, y me encuentro con que el último post es de… mayo. Esto significa que pasaron 3 meses sin que yo me haya dado cuenta, o mejor dicho, en los que estuve ocupado (o, ¿por qué no?, preocupado) con otras cosas, y no le di bola al blog.

Dije “no le di bola”, no “no le pude dar bola”, y es una forma a la que me estoy tratando de acostumbrar a hablar. Si no le di bola es, como dije antes, porque le estuve dando bola a otras cosas, porque, consciente o inconcientemente, decidí darle bola a esas otras cosas y no a esto. Porque el día tiene 24 horas y uno las administra como quiere, como puede, a veces como debe, como se le ocurre… pero no puede hacer todo, tiene que tomar decisiones y elegir entre las opciones que tiene, y, no hacer nada con algo, también es una decisión, o una elección de una opción, que es la opción de no hacer nada. No hacer nada también va a traer sus consecuencias, que pueden ser iguales o peores que hacer algo.

Sinceramente, sigo sin ganas de escribir, y sin idea de cómo darle un cierre a este post. En el medio de todo esto vino mi hermana y le pregunté qué iba a comer, vino a romperme las bolas mi perro y me quedé 5 minutos jodiendo con él, tocó timbre el sodero y sin tener que pedirle nada me quedé otros 5 minutos hablando con él, me mandaron un mensaje de Movistar para que aproveche no sé qué promo y me puse a borrar ese SMS y otros más viejos, y mil pavadas más a las cuales les di suficiente importancia como para no estar concentrado para darle un cierre o, peor aún, un sentido, a este post. Y volvemos a lo mismo, a las opciones que elijo, a las decisiones que tomo, a las prioridades que le doy a las cosas… y al porqué de mis propias quejas que infaltablemente llegan después.

Creo que debería saber qué voy a hacer en cierto lugar cuando voy a ir, creo que debería ponerme algún objetivo cuando planeo alguna salida, creo que debería pensar en las cosas que debería hacer en el día cada vez que me levanto, creo que debería terminar cada año pensando qué hice mal y qué mejorar para el año que viene, y creo que debería plantear una meta para mi propia vida y no parar hasta cumplirla. Es un comentario muy de emo, pero yo creo que, sin eso, casi no tiene sentido vivir.

Seguramente éste es uno de las peores entradas que pude haber hecho, y no puedo ahora evaluar la importancia de lo que estoy diciendo… pero al menos cumplí con mi meta de anoche: volver a actualizar el blog :P.

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